¿Wonder Woman 1984 ha venido para salvar la navidad y el 2020? Por Dani

Después de dos retrasos, dos adelantos y una pandemia mundial, finalmente ha llegado a los cines la esperadísima Wonder Woman 1984. Contra todo pronóstico, esta no es la milésima noningentésima octogésima tercera secuela de Wonder Woman, sino que continúa con las aventuras de la amazona, más o menos, cómo la dejamos al cierre de su primera película.

Han pasado casi setenta años desde que terminó la primera guerra mundial. El mundo ha cambiado enormemente desde entonces y es ahí donde radica uno de los primeros y sorprendentes aciertos de la cinta: en la recreación de la estética y el mundo de la década de los ochenta y valiéndose de muchos de sus elementos para encaminar y contextualizar la narración de una forma muy divertida y dinámica.

A partir de aquí, y sin ningún miedo, la película nos presenta a una Diana ya completamente establecida como Wonder Woman y se lanza a una trama quizás algo más pausada de lo que solemos estar acostumbrados en pelis de superhéroes, pero no por ello lenta ni aburrida. ¿Y cómo lo consigue? Pues con un trabajo maravilloso de sus personajes, tanto héroes como villanos, que se articulan en torno a un misterioso objeto que hace sus veces de MacGuffin y consigue exprimirles con muy buenos resultados.

La mayor sorpresa de la película es Steve Trevor. Viniendo de un personaje ya bastante anodino en los cómics y con una interpretación de Chris Pine que tampoco logró salvarle en la anterior entrega, las expectativas estaban bajas; pero nada más lejos de la realidad. El salto temporal al que se ve abocado el personaje y el misterio de cómo es posible que esté en 1984 consiguen darle un giro bastante divertido e interesante. Wonder Woman 1984 tiene éxito en lo que su predecesora fracasó: consigue mostrarte qué es lo que Diana ve en ese hombre y por qué está enamorada de él. Y esto será un elemento fundamental para poder entender el factor emocional de la trama.

Otro pilar fundamental para que todo esto funcione es Barbara, una especie de espejo en el que Diana se ve reflejada durante toda la peli. Cosa curiosa, porque precisamente este reflejo será el que motivará las acciones de Barbara hasta aceptar su anunciado destino funesto. Y pese a que su desarrollo quizás sea el menos “natural” de todos los personajes no por ello deja de ser creíble y fácilmente identificable en todos nosotros (¿quién no ha pensado alguna vez “ojalá ser más como esta persona”?). Y, al igual que con Trevor, aunque como espectador sabes que lo que sucede en la pantalla está mal, no puedes evitar ponerte en su lugar y entender qué es lo que le hace actuar como actúa.

El otro villano de la película es Maxwell Lord, interpretado por un maravilloso Pedro Pascal que le dota de un carisma mayor del que el personaje ha tenido jamás en un cómic. El tío es sensacional y se come la pantalla cada vez que aparece, y consigue levantar a un personaje que, si bien no está mal y funciona, con otro actor hubiera acabado siendo más bien olvidable. Y aún así, pese a ser la pata más floja de las cuatro, sigue siendo bastante sólido y funciona estupendamente, sobre todo en su conclusión final.

Pero lo mejor de todo esto, la mandanga buena de verdad, de la que deja poso, está en la protagonista. Gal Gadot no solo le tiene cogido el punto exacto a Diana, sino que ha conseguido darle un nuevo registro al personaje que no habíamos visto hasta ahora (ni a ella, ni a ninguna superheroína en el cine, para ser justos). Y es que esta película se atreve a hacer algo que en realidad pocos guionistas se han atrevido a hacer con la princesa de las amazonas: ponerla a cometer errores.

Puede parecer una tontería, o algo casi obvio. “Todos los personajes cometen errores en sus películas”. Pero no todas consiguen crear a seres humanos a través de ellos y es ahí donde tiene éxito Wonder Woman 1984. Diana no solo cometerá un error terrible, sino que será consciente de estar cometiéndolo y aún así insistirá en él, al igual que los villanos de la cinta. Porque hacer lo correcto a veces es duro, mucho más duro que dejarse llevar. Todo un conflicto interno que explota para dar lugar al mejor momento de la película, que no es un momento épico ni emocionante, sino una secuencia dramática y de superación muy concreta y muy especial.

En rasgos más generales, es una película mucho más alegre y positiva que su predecesora, tanto en forma como en fondo. Por un lado, por ese aspecto ‘camp’ y ‘donneriano‘ que Jenkins le otorga a toda la obra; y por otro, por ese tono optimista que riega el conjunto. Es una película que no intenta ocultar en ningún momento cuál es su público y a quién está dirigida. Es un producto muy juvenil, y un personaje que busca inspirar a las niñas y niños a ser mejores; y que a mi parecer también termina haciéndolo mucho mejor que su predecesora.

Por ponerle alguna pega, aunque las escenas de acción están bien y funcionan, no llegan a dar el nivel de espectáculo que dan las de la primera película, aunque también tienen otra intención. Desprenderse de la espada y el escudo es toda una declaración de intenciones para el personaje (algo intrascendente, a mi parecer) y consigue darle toda una nueva identidad visual con al tener que ingeniárselas con el lazo de la verdad. Diana comprende su papel en el mundo, y sus actos resultan muchísimo menos destructivos que en la anterior. Y aunque tiene un sentido narrativo, efectivamente lo hace a costa de perder algo del efectismo que tenían escenas como la de tierra de nadie.

El tercer acto vuelve a ser, como en su predecesora, la parte más floja del conjunto, aunque a mi parecer termina resolviendo todo de muy buena manera y consigue mantener bien la carga dramática. Sobre todo entendiendo que el verdadero clímax emocional está unos minutos antes de la batalla final contra los malos, y que cuando esta llega ya está todo el pescado vendido. Aún así, también creo que aquí podrían haberse aprovechado mejor tanto Cheetah como ese pseudo-Hermano Ojo que nos presenta la película.

Como resumen, creo que Wonder Woman 1984 nos muestra una Patty Jenkins que ha sabido reforzar los aciertos y aprender de los errores que tenía Wonder Woman, dándonos una película solidísima que rezuma amor por el personaje y por el Universo DC. Wonder Woman, igual que le pasa a Superman, no es un personaje fácil de hacer interesante ni de humanizar, pero esta película lo consigue con creces. Pero es que además consigue algo aún más importante. Y es salirse (aunque solo sea un poco) del esquema actual de “personaje femenino fuerte” y darnos a una Diana compleja, dual, con luces y sombras; de la misma manera que hemos visto con tantos otros personajes masculinos como Batman, Iron Man o el Capitán América. 

Tras esta película me quedo con muchas más ganas de seguir viendo a Wonder Woman en el cine y de estar pendiente de los futuros proyectos de Patty Jenkins. La directora nos lo ha dado todo y tiemblo solo de pensar en qué le puede quedar por contar.

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